viernes, 23 de julio de 2010
Cuando era chico
tenía un dios con quien jugar
por ese entonces
se paseaba en mis jardines
sangrientos como rubíes.
Tenía una sábana
y se desvestía
se vestía
se desvestía
se vestía
se desvestía
desmesurado
lavando nuestros corazones
en fuentes espaciales.
Olía a plomo
de una palabra tan grande como nosotros
era su ojo ciego
(a veces tuve miedo, a veces lloré por él)
Un día
por algún motivo
se fue.
.
el hombre del Reloj
tatuaje lacerante en negro maletín
(archivo de agujeros, cajita de mentiras)
Mira hacia afuera y es tarde: los autos y los celulares
han perdido las orejas
¿de qué está hecho
el hombre del reloj?
Marcha en cinta de montaje
de indiferencia suda y a gusto
(futuropresentepasadoquietud):
catar a sus amigos es verlos desfilar
pero entonces
¿cómo sabe la hora el hombre del reloj excedido, el hombre del adminículo acogotado de anhelos?
está desnudo sin embargo
viste un tiempo de tormentas
presagia un futuro funesto
mira hacia afuera y es tarde
las madres ya ostentan palomas de sombrero.
Aún siente
el rumor negrusco del café y las tostadas
las verjas heridas por pardos otoños
su dios particular
pero entonces
¿es el reloj el que mastica
es el reloj el que chatea
es el reloj el que sangra el que roba
es el reloj el que se coge a su mujer?
Mira hacia afuera y es tarde: las oficinas se ríen
como su reflejo en el concreto o no tanto
y tal vez dos lunares de luz incandescente
draguen sus domingos seniles de vino (¡sus viernes
de bocas y carne perdida!)
Sombras pestilentes rozan los caminos
peinan en la historia versiones difundidas
pero entonces
¿quién no miente en el juego de la obstiNación?
.
viernes, 4 de junio de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
Los astros livianos
A la noche
a la tarde
a la mañana,
las piernas se agitan
por fuera del intelecto
y la Fábrica de sueños.
Los labios de la tierra
la esperanza humana
exhuman, rencorosos.
Y en las papilas
escalan las heridas
que impregna la Autoridad
como el humo más dulce.
Los astros livianos se suicidan.
Cómo cuesta reconocer
cómo duele confesar
que todo lo que tenemos
son excusas.
Cimientos Agradables
Gracias.
Gracias por leerme.
Gracias, mi terroncito de sangre,
mi surubí en cautiverio;
se agradece, esponja carnívora,
epidermis pululante.
Sos mi coloquio mordelón,
¿sabías?
mi amapola violenta, sos
mi huracán de mitades,
mi mitad de huracanes.
Sos todo para mí:
sos un hocico de palta,
bichito de seda,
mi cortina de ducha,
mi arena de arenas.
Estoy en deuda con vos,
coral apelmazado,
sortija peluda;
televisión calva, te debo todo.
Sería entendible si no fueses
mi volumen descalzo,
ni mi caricia soluble
o el soplo de un abuelo mudo.
¿Cómo retribuirte,
droga sempiterna,
colmena de reproches,
vivienda sin esclavos,
meridiano de besos?
Gracias por leerme.
Gracias.
¡Qué amable de su parte,
señora perilla,
querido manantial contento,
cachito de vacuna,
extracto de overol!
Para qué molestarse,
chimento momificado.
No se hubiese molestado.
(che, voluta de semen, gracias)
Todo el camino alrededor
Yo, poema, genero escritores
que se rompen los tabiques, incrédulos,
queriendo atravesar la muralla ahumada que nos separa.
Yo, poema, engendro aviadores
que navegan las alturas. Que buscan por buscar
la tijera áurea que nos corte la coleta.
Se me parte el alma con solo mirarlos:
estrellando los espejos a sillazos, buscando detrás algo más
que su tonto reflejo. ¿Qué más?
¡Encendiendo velas pequeñitas para ver danzar las llamas,
comiendo con la mano con el culo llorando!
Basta.
Tengo un ojo color amor.
¿No te querés morir por mí?
Panpoema
Poema
poemista,
proeza épica
de pulular y pulular
cual péndulo; de paladear con tus
poeminas,
con tus poemilas
destiladas
poemísticas
de poemologías remotas,
en pueblos poemarios
donde sólo poemizan
cuando les place:
¿mero poemismo?
Más bien poemarios de pulsión
que poemaron,
poeman y
poemarán
hasta que las plumas
los despueblen.
(no como algunos poemadores
con cuadernos desplumados
de tanto palabrear).
Antipoema que corroes la
poematicidad;
panpoema poemante.
Oliverio Girondo
te llamaría
Poemía.
¿Dónde empieza la gente dónde termina?
Bajo los laureles soporíferos de la democracia, o
dentro de las personas que son pirámides pero que
pueden ser muy otra cosa,
tu corazón tensaría las cuerdas en pos de la memoria.
Allí nosotros, la gente, nos aburrimos:
miramos la pulsera de fuego, sembramos semillas huecas
en los zapatos derechos e izquierdos.
Por las noches, puertas adentro, alguien clama por piedad.
Alguien apuñala en silencio y mira fijo.
De fondo un televisor que dice: En este país sobran los magos.
LICENCIA
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