Literaturgia

Todo ser humano tiene en su interior, en su alma / un sonido bajito, su nota / que es la singularidad de su ser, su esencia / Si el sonido de sus actos / no coincide con esa nota / esa persona no puede ser feliz - SOFIA PROKOFFIEVA

viernes, 9 de abril de 2010

Me pregunto cómo puedo conducirme con cierta seriedad cuando todos estamos atropellándonos los tobillos constantemente, cada uno desde su actividad elegida u obligada, de un modo bastante torpe. Entonces, las conversaciones, las canciones, las charlas cibernéticas y los deberes más bien impuestos se atropellan en una esquina cualquiera de la experiencia, provocando un caos que no es lo suficientemente caótico como para revolucionar nuestros hábitos; dicho choque es un choque organizado pero es catastrófico a un nivel microscópico, una dulce contradicción de esta vida equilibrada dentro de una lógica de desorden y crisis. Por supuesto que uno nota que la organización propuesta por nosotros trata sobre cómo soportar el dolor y la angustia, sin notar que podríamos invertir el tablero y proponer una desorganización de la felicidad y la libertad, que es lo que proponen algunos extremistas con los cuales no discuto ni discrepo directamente, acaso por miedo a ser superado intelectual o físicamente, a pesar de saber muy bien lo que es volver de una interrupción y caer bien parado como los gatos, pero nunca pensando en que podríamos dejar de perder el tiempo cayendo de todas las ventanas desde donde tratamos de bailar o tal vez chamuyarnos alguna minita, es decir los argentinos festejamos que siempre caemos parados, pero no somos capaces de ver que hay otros gatos que aprendieron directamente a no caerse y, para peor, acaban quedándose con la chica, los habanos y la fama que mentimos tener.



viernes, 19 de febrero de 2010

Los astros livianos

Los Astros Livianos nos vigilan.


A la noche
a la tarde
a la mañana,
las piernas se agitan
por fuera del intelecto
y la Fábrica de sueños.


Los labios de la tierra
la esperanza humana
exhuman, rencorosos.


Y en las papilas
escalan las heridas
que impregna la Autoridad
como el humo más dulce.


Los astros livianos se suicidan.


Cómo cuesta reconocer
cómo duele confesar
que todo lo que tenemos
son excusas.

Cimientos Agradables


Gracias.
Gracias por leerme.
Gracias, mi terroncito de sangre,
mi surubí en cautiverio;
se agradece, esponja carnívora,
epidermis pululante.
Sos mi coloquio mordelón,
¿sabías?
mi amapola violenta, sos
mi huracán de mitades,
mi mitad de huracanes.
Sos todo para mí:
sos un hocico de palta,
bichito de seda,
mi cortina de ducha,
mi arena de arenas.
Estoy en deuda con vos,
coral apelmazado,
sortija peluda;
televisión calva, te debo todo.
Sería entendible si no fueses
mi volumen descalzo,
ni mi caricia soluble
o el soplo de un abuelo mudo.
¿Cómo retribuirte,
droga sempiterna,
colmena de reproches,
vivienda sin esclavos,
meridiano de besos?
Gracias por leerme.
Gracias.
¡Qué amable de su parte,
señora perilla,
querido manantial contento,
cachito de vacuna,
extracto de overol!
Para qué molestarse,
chimento momificado.
No se hubiese molestado.




(che, voluta de semen, gracias)




Todo el camino alrededor



Yo, poema, genero escritores
que se rompen los tabiques, incrédulos,
queriendo atravesar la muralla ahumada que nos separa.

Yo, poema, engendro aviadores
que navegan las alturas. Que buscan por buscar
la tijera áurea que nos corte la coleta.

Se me parte el alma con solo mirarlos:
estrellando los espejos a sillazos, buscando detrás algo más
que su tonto reflejo. ¿Qué más?
¡Encendiendo velas pequeñitas para ver danzar las llamas,
comiendo con la mano con el culo llorando!

Basta.

Tengo un ojo color amor.
¿No te querés morir por mí?




Panpoema

Poema
poemista,
proeza épica
de pulular y pulular
cual péndulo; de paladear con tus
poeminas,
con tus poemilas
destiladas
poemísticas
de poemologías remotas,
en pueblos poemarios
donde sólo poemizan
cuando les place:
¿mero poemismo?
Más bien poemarios de pulsión
que poemaron,
poeman y
poemarán
hasta que las plumas
los despueblen.
(no como algunos poemadores
con cuadernos desplumados
de tanto palabrear).

Antipoema que corroes la
poematicidad;
panpoema poemante.
Oliverio Girondo
te llamaría
Poemía.

¿Dónde empieza la gente dónde termina?


Bajo los laureles soporíferos de la democracia, o
dentro de las personas que son pirámides pero que
pueden ser muy otra cosa,
tu corazón tensaría las cuerdas en pos de la memoria.

Allí nosotros, la gente, nos aburrimos:
miramos la pulsera de fuego, sembramos semillas huecas
en los zapatos derechos e izquierdos.


Por las noches, puertas adentro, alguien clama por piedad.
Alguien apuñala en silencio y mira fijo.


De fondo un televisor que dice: En este país sobran los magos.


¡Destrocen!


Mastica el arcoiris con los párpados.
Afirma que la ley es un lugar vacío, un hueco,
el corazón dislocado de los hombres.
La incapacidad de los triángulos de elegir su ángulo favorito
es notable, señala. Pronto,
los semáforos irán de rojo a verde sin tibio mediante.

Se desenrolla como un papel higiénico.
No, no es tan simple.
Su segunda naturaleza, el tatuaje, lo vuelve posible.
Mira con los ojos, ojea con la mirada
surca poemas que garabatean escritores impotentes
deseosos de más manos, de más dedos y más hojas.
Qué desperdicio.

¿Cómo no defraudar?

El hombre del que les hablo hace y no para.
Más bien, el hombre del que les hablo hace para
o no hace en absoluto.


el abecé de los postmodernos tardíos (como yo)



paso mis ratos

garabateando retos

que no pasan de ser ritos
rotos desde el vamos



martes, 1 de diciembre de 2009

Cómo gustarme


Cómo gustarme este tipo mío
que se inquieta en las oficinas, que
yerra en los balcones tapiados del ajeno Microcentro.
¿Cómo no denunciarlo
si no baila arriba de los pianos del mundo,
si no destroza laptops a fierrazos?

Cómo gustarme el flaco que me acompaña
-ojeroso, flojito, mermado-
necesitado, para enfrentar a la regla constante,
de la misma música, la misma hora, el mismo lugar.


Ahí estás.
Mirate.
No te quedés ahí.
Hacé algo.
Pero no.
Tal vez mañana te levantes de esa silla
y te caches la vida de un hondazo.
Pero no:
dale que dale con la masturbación automática.

¡¡Cómo podrías gustarme, che,
esclavo de los juegos más bajos,
bolsa de huesos postrada en el colchón
de la muerte segura!!


Te voy a decir algo: si no te vas yo, me voy vos.


Nombre y apellido


No debemos olvidarnos
-a la hora de analizar un fenómeno cualquiera-
que la vida del mundo es vasta,
que no podemos abarcarlo todo.
Es así como siempre nos queda un resabio,
una pequeña parcelita de lo incognoscible
adentro de nuestra caja de ideas.
Algún día
eso incognoscible tendrá nombre y apellido.
Nombre, apellido y nada más.

LICENCIA

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