lunes, 13 de septiembre de 2010
Tengo hermanos en el mundo,
sufrientes hermanos,
solos,
cautivos de un dolor
que contagia, siniestro.
En el mundo nadie es mudo
y tienen mis hermanos
rojos corazones
grandes como melones, ansiosos de amor,
frutillas dormidas en jardines abiertos.
Tu pelo cae como la lluvia.
Alguien te enseñó a morir, a olvidar,
a mirarte la espalda.
¿A quién pedirle, cuando menos, una ayuda
cuando sólo resta sufrir, odiar,
perder la calma?
.
Una espada y una flor
Whisky a la mañana; un reflejo honesto
devuelto como tregua fría y amarillenta
que vuelve testarudo a un pasado funesto,
que roe las sombras, las noches corrompe
dormido en mis piernas
duras, macilentas
como un gato ciego que chilla y que rompe.
No vuelvas, furia, suspenso en los huesos.
Duerme en la distancia, incómoda, sentada
en sillas destrozadas, con ojos y con besos
resecos, televisores prendidos;
ruidos necesarios que cierran las ventanas
y pintan con sangre las huellas, los hilos.
Caminás por dentro mío, con lágrimas de rencor.
No entra en tu muñeca mi reloj sin agujas.
Tu boca flotante susurra en mi oído
que siempre seremos una espada y una flor.
.
viernes, 20 de agosto de 2010
Resignación
contestamos con risas forzadas y pañuelos sucios.
Alguien pregunta por su pasado, no recuerda ni
qué comió ayer. Los demás esperan que su espejo
los deje de mirar.
Entonces leemos los prospectos, los carteles
y las propagandas. Buscamos una explicación
que anestecie las almohadas. Un chico, en la calle,
juega a policías y ladrones. Las luces de la ciudad
brillan como velas petrificadas.
Me habían prometido un mundo precioso
repleto de flores desnudas y tiernas. Los
hombres y las mujeres encandecían de
coraje. Nunca terminan los sueños, o nunca
empezaron. La vida duerme en los brazos
del silencio que la besa.
Me decía a mí mismo -¿a quién más?- por qué
el capitalismo triunfaría. Los motivos eran
tan injustos como rotundos. Ambos tiramos
el sol al centro de la tierra. La última noche
no tuvo ni luna ni estrellas.
.
viernes, 23 de julio de 2010
Cuando era chico
tenía un dios con quien jugar
por ese entonces
se paseaba en mis jardines
sangrientos como rubíes.
Tenía una sábana
y se desvestía
se vestía
se desvestía
se vestía
se desvestía
desmesurado
lavando nuestros corazones
en fuentes espaciales.
Olía a plomo
de una palabra tan grande como nosotros
era su ojo ciego
(a veces tuve miedo, a veces lloré por él)
Un día
por algún motivo
se fue.
.
el hombre del Reloj
tatuaje lacerante en negro maletín
(archivo de agujeros, cajita de mentiras)
Mira hacia afuera y es tarde: los autos y los celulares
han perdido las orejas
¿de qué está hecho
el hombre del reloj?
Marcha en cinta de montaje
de indiferencia suda y a gusto
(futuropresentepasadoquietud):
catar a sus amigos es verlos desfilar
pero entonces
¿cómo sabe la hora el hombre del reloj excedido, el hombre del adminículo acogotado de anhelos?
está desnudo sin embargo
viste un tiempo de tormentas
presagia un futuro funesto
mira hacia afuera y es tarde
las madres ya ostentan palomas de sombrero.
Aún siente
el rumor negrusco del café y las tostadas
las verjas heridas por pardos otoños
su dios particular
pero entonces
¿es el reloj el que mastica
es el reloj el que chatea
es el reloj el que sangra el que roba
es el reloj el que se coge a su mujer?
Mira hacia afuera y es tarde: las oficinas se ríen
como su reflejo en el concreto o no tanto
y tal vez dos lunares de luz incandescente
draguen sus domingos seniles de vino (¡sus viernes
de bocas y carne perdida!)
Sombras pestilentes rozan los caminos
peinan en la historia versiones difundidas
pero entonces
¿quién no miente en el juego de la obstiNación?
.
viernes, 4 de junio de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
Los astros livianos
A la noche
a la tarde
a la mañana,
las piernas se agitan
por fuera del intelecto
y la Fábrica de sueños.
Los labios de la tierra
la esperanza humana
exhuman, rencorosos.
Y en las papilas
escalan las heridas
que impregna la Autoridad
como el humo más dulce.
Los astros livianos se suicidan.
Cómo cuesta reconocer
cómo duele confesar
que todo lo que tenemos
son excusas.
Cimientos Agradables
Gracias.
Gracias por leerme.
Gracias, mi terroncito de sangre,
mi surubí en cautiverio;
se agradece, esponja carnívora,
epidermis pululante.
Sos mi coloquio mordelón,
¿sabías?
mi amapola violenta, sos
mi huracán de mitades,
mi mitad de huracanes.
Sos todo para mí:
sos un hocico de palta,
bichito de seda,
mi cortina de ducha,
mi arena de arenas.
Estoy en deuda con vos,
coral apelmazado,
sortija peluda;
televisión calva, te debo todo.
Sería entendible si no fueses
mi volumen descalzo,
ni mi caricia soluble
o el soplo de un abuelo mudo.
¿Cómo retribuirte,
droga sempiterna,
colmena de reproches,
vivienda sin esclavos,
meridiano de besos?
Gracias por leerme.
Gracias.
¡Qué amable de su parte,
señora perilla,
querido manantial contento,
cachito de vacuna,
extracto de overol!
Para qué molestarse,
chimento momificado.
No se hubiese molestado.
(che, voluta de semen, gracias)
LICENCIA
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