Literaturgia

Todo ser humano tiene en su interior, en su alma / un sonido bajito, su nota / que es la singularidad de su ser, su esencia / Si el sonido de sus actos / no coincide con esa nota / esa persona no puede ser feliz - SOFIA PROKOFFIEVA

viernes, 19 de febrero de 2010

Todo el camino alrededor



Yo, poema, genero escritores
que se rompen los tabiques, incrédulos,
queriendo atravesar la muralla ahumada que nos separa.

Yo, poema, engendro aviadores
que navegan las alturas. Que buscan por buscar
la tijera áurea que nos corte la coleta.

Se me parte el alma con solo mirarlos:
estrellando los espejos a sillazos, buscando detrás algo más
que su tonto reflejo. ¿Qué más?
¡Encendiendo velas pequeñitas para ver danzar las llamas,
comiendo con la mano con el culo llorando!

Basta.

Tengo un ojo color amor.
¿No te querés morir por mí?




Panpoema

Poema
poemista,
proeza épica
de pulular y pulular
cual péndulo; de paladear con tus
poeminas,
con tus poemilas
destiladas
poemísticas
de poemologías remotas,
en pueblos poemarios
donde sólo poemizan
cuando les place:
¿mero poemismo?
Más bien poemarios de pulsión
que poemaron,
poeman y
poemarán
hasta que las plumas
los despueblen.
(no como algunos poemadores
con cuadernos desplumados
de tanto palabrear).

Antipoema que corroes la
poematicidad;
panpoema poemante.
Oliverio Girondo
te llamaría
Poemía.

¿Dónde empieza la gente dónde termina?


Bajo los laureles soporíferos de la democracia, o
dentro de las personas que son pirámides pero que
pueden ser muy otra cosa,
tu corazón tensaría las cuerdas en pos de la memoria.

Allí nosotros, la gente, nos aburrimos:
miramos la pulsera de fuego, sembramos semillas huecas
en los zapatos derechos e izquierdos.


Por las noches, puertas adentro, alguien clama por piedad.
Alguien apuñala en silencio y mira fijo.


De fondo un televisor que dice: En este país sobran los magos.


¡Destrocen!


Mastica el arcoiris con los párpados.
Afirma que la ley es un lugar vacío, un hueco,
el corazón dislocado de los hombres.
La incapacidad de los triángulos de elegir su ángulo favorito
es notable, señala. Pronto,
los semáforos irán de rojo a verde sin tibio mediante.

Se desenrolla como un papel higiénico.
No, no es tan simple.
Su segunda naturaleza, el tatuaje, lo vuelve posible.
Mira con los ojos, ojea con la mirada
surca poemas que garabatean escritores impotentes
deseosos de más manos, de más dedos y más hojas.
Qué desperdicio.

¿Cómo no defraudar?

El hombre del que les hablo hace y no para.
Más bien, el hombre del que les hablo hace para
o no hace en absoluto.


el abecé de los postmodernos tardíos (como yo)



paso mis ratos

garabateando retos

que no pasan de ser ritos
rotos desde el vamos



martes, 1 de diciembre de 2009

Cómo gustarme


Cómo gustarme este tipo mío
que se inquieta en las oficinas, que
yerra en los balcones tapiados del ajeno Microcentro.
¿Cómo no denunciarlo
si no baila arriba de los pianos del mundo,
si no destroza laptops a fierrazos?

Cómo gustarme el flaco que me acompaña
-ojeroso, flojito, mermado-
necesitado, para enfrentar a la regla constante,
de la misma música, la misma hora, el mismo lugar.


Ahí estás.
Mirate.
No te quedés ahí.
Hacé algo.
Pero no.
Tal vez mañana te levantes de esa silla
y te caches la vida de un hondazo.
Pero no:
dale que dale con la masturbación automática.

¡¡Cómo podrías gustarme, che,
esclavo de los juegos más bajos,
bolsa de huesos postrada en el colchón
de la muerte segura!!


Te voy a decir algo: si no te vas yo, me voy vos.


Nombre y apellido


No debemos olvidarnos
-a la hora de analizar un fenómeno cualquiera-
que la vida del mundo es vasta,
que no podemos abarcarlo todo.
Es así como siempre nos queda un resabio,
una pequeña parcelita de lo incognoscible
adentro de nuestra caja de ideas.
Algún día
eso incognoscible tendrá nombre y apellido.
Nombre, apellido y nada más.

Confesión

Como la fotografía que muestra a una cámara de fotos
o la palabra lapicera acá escrita
yo no puedo evitar
amar
mi amor.

A quien corresponda


Decirte que el viento guarda cambios.
Que los cambios escupen niños,
pibes o chicos, como quieras llamarlos.

Quiero decirte que me oigas decir
que nuestros globos no deben sólo remontar
ni deben ascender: nuestros globos deben volar.

Que las agujas rebotan en la carne
del que sabe tejer leyendas
pero más aún del que sabe regalarlas.



¡Tantas vueltas para socorrer a quien corresponda!

Ver, vestir y sus variantes

Siempre que te he visto distinta,

te visto

de lo mismo.

LICENCIA

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